Club de arte

Vida performática

Los años de pandemia fueron crudos, le dieron vuelta al mundo como lo conocíamos y nos forzaron a encontrarnos y reflejarnos en aquellos ámbitos que antes nos parecían lejanos, pero que, con ayuda de la tecnología, podemos sentir cerca, y en algunos casos, incluso practicarlos.  


Muchos hemos encontrado refugio emocional y psicológico en las diversas formas de arte que el ser humano ha desarrollado a lo largo de los años. Consideremos que el arte, además de referirse a pintura, música, cine, escultura, danza, literatura y arquitectura, acoge bajo su mismo concepto elementos cotidianos y cercanos; los lugares que frecuentamos, ropa, comida que elaboramos y degustamos. El arte se encuentra en las cosas más pequeñas, ya que se refiere a cuestionar nuestra realidad, ¿qué playera quieres comprar? ¿les gustará a tus amigos? ¿te gusta? ¿es suficientemente cómoda? Y a través de estas preguntas, el arte pretende lograr que desarrollemos una perspectiva individual, sí, pero, ¿a tus amigos que les parecerá tu atuendo? ¿te elogiarán? ¿lo dejarán pasar?, son preguntas que pretenden más bien resultar en una perspectiva colectiva, y tal vez, incluso social.


Es así que el arte nos ayuda a observar y analizar nuestro pasado, presente, y, algunas veces, nos ayuda a proporcionar una proyección de como creeremos que será el futuro. Para dar paso a que el arte forme parte de nuestras vidas, quisiera invitar al público lector que implemente en su vida cotidiana un concepto muy apreciado en el mundo artístico; el arte performático. ¿Qué quiere decir esto? El arte performático nos invita a formar parte del resultado que el proceso artístico nos ofrece, pero llevémoslo más allá. 


El arte performático suele invitar al artista a formar parte de su obra por medio de técnicas como las instalaciones o la actuación, pero ¿Por qué no hacer de nuestra vida una obra de arte? Muchos de nosotros nos preocupamos por que si leemos un libro lo mantengamos intacto por el resto de su vida útil, que parezca que fue usado lo menos posible, incluso si lo leemos cientos de veces. ¿Qué pasaría si ese libro después de algunos años va a dar a manos de alguien más? Creo que quien lo tuviese agradecería el cuidado que se le tuvo y lo leería tanto como tuviese que leerlo, fin. 


Pero ¿Dónde quedó nuestra historia en ese libro? ¿y las veces que lloramos o reímos con ese libro en manos? ¿y nuestras frases favoritas? ¿y ese personaje con el que nos identificamos? La solución para todas estas interrogantes la encontramos en el arte performático, en vez de pretender que no usamos ese libro, subrayemos nuestras frases favoritas, escribamos notas al final de cada capítulo, coloquemos nuestro nombre en ese libro, a los amantes de los libros les podría parecer un sacrilegio, pero ¿lo es? Si aquel libro que contiene tu historia llega a las manos de otra persona, ¿no lo haría aun más especial? Ese libro no solo contendría la historia del autor, también la del primer dueño, pero, claro que sería un trabajo exhaustivo, porque no querrías entregarle una historia a medio contar o tres molestos rayones con bolígrafo en la parte de atrás, eso no es muy performático de tu parte. Al igual que en ese hipotético libro, dejemos nuestra huella en cada lugar al que vayamos, que se note que estamos viviendo, en cada escrito, en cada paso, en cada persona dejemos un poco de nosotros.  

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Mariela Jimena Aguilar Castro

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