Con el festejo de la niñez el 30 de abril, se despiertan dos lados de la realidad, el primero, es que estos seres humanos son quienes dan la felicidad a nuestra vida, ese sentido de diversión, inocencia y disfrute; su presencia hace que se mantenga esa chispa de humanismo, en el que vivir se recuerde como una aventura.
Este 30 de abril, no solo se hizo un festejo a toda la comunidad infantil, sino que también se hizo un doble “Hoy no circula” en la Ciudad de México y en el Estado de México, y lo más emotivo son los títulos de las notas, por ejemplo, en el Financiero colocan el titulo “Esto no es un juego de niños” (2024) y es cierto, el deterioro del ambiente no es diversión.
Los niños y niñas juegan con inocencia, pero ¿Los adultos lo hacen también? ¿Descuidan su hábitat con inocencia? ¿El cuidado de su planeta es un juego? ¿Por qué los infantes ahora tienen que festejar su día con paro de tránsito vehicular, y no con festivales recreativos? Muchas interrogantes, pero que son la solución dirigida a una reflexión, en donde se cuestione el tipo de fiestas que les dejamos a las generaciones más pequeñas.
Nos sorprende que las infancias ahora no les causé alegría el “día de la niñez”, pero es válido, cada vez dejamos un mundo desagradable, desde su ambiente, su pérdida de humanismo, por la codicia de quienes ya van creciendo, dejamos rastro de algo feo, que cuando se acercan fechas festivas de alegría, ya no se toman así, porque siempre pasa algo que lo impide, o por la costumbre de vivir en situación desfavorable.
Es desafortunada la situación que se esta viviendo desde hace unos años, pero que sigue empeorando, ¿Este es el mundo que queremos dejar a la comunidad infantil? ¿Nuestros niños interiores desean un planeta caótico? Es cierto que no le debemos nada a nadie, pero compartimos algo todos en común, el lugar en donde habitamos, el planeta y la carencia de empatía provoca que no exista un “futuro” ni “nuevas generaciones”.
¿Realmente vale la pena festejar a la niñez? La interrogante es porque, se festeja, cuando por el otro lado se destruye lo que es el lugar de permanencia, de estabilidad, de felicidad.