El eco de las ideas.

Un Hidalgo sin tantas gotas de agua.

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En ningún momento de la vida podría pensarse que el agua se está acabando, ¿Qué pasaría si fuera así? Pocas de las ocasiones se son consiente de como incluso derramar un poco de agua puede llegar a ser tan costoso, pero, ahora, estamos en un punto en donde nos asombra tanto el saber que Hidalgo se encuentra en sequía, en niveles altos de escases.
 
Hace unos años probablemente se pensaba que en algún momento simplemente no tendríamos tanto acceso al agua, que incluso estaría limitada, pero ¿Cómo es que ese momento llegó tan rápido? Las grandes empresas, el consumo diario áreas de trabajo, el consumo personas, han llevado a una limitación, donde ahora, se escucha un “no ha caído el agua” en las diferentes localidades de Hidalgo.
 
Dentro del análisis realizado por el Monitor de Sequia de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el segundo mes del mes del 2024 , existen 84 municipios del estado que se mantienen en un estado seco, que por la falta de lluvias y de escases no se presenta una total mejora en la misma, esto visto por Alberto González.
 
Incluso de acuerdo con el gobierno federal, cuando se alcanza el nivel de sequía severa existen probables pérdidas en cultivos o pastos, además de alto riesgo de incendios. En esta fase es común la escasez de agua, por lo tanto, se deben imponer restricciones en el uso del agua, y no mantenernos en una idea decadente en donde sentimos que el agua sigue siendo infinita.
 
Hidalgo ahora es un estado importante, pero no de la mejor manera, somos un estado que no tiene uno de los factores fundamentales de sobrevivencia, el agua; ¿por qué ahora tenemos que preocuparnos? ¿por qué no se toman acciones? Nuestra sociedad necesita tener un cambio mental y tomar acciones dentro de este asunto que perjudica a todos; desde los cultivos y las siembras que nos dan materia para alimento, por los aspectos personales desde la limpieza personal hasta el poder tenerla en casa.
 
Hidalgo ahora esta preocupado, porque los tinacos no se llenan, porque ahora las pipas no llegan de manera inmediata, porque los ríos están secos, porque no contamos con la capacidad de darnos cuenta que el agua se esta agotando y debemos tomar acción antes de no tener acceso a ni una sola gota.
 
 
 
 
 

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El Día del Huracán

Un Hidalgo sin tantas gotas de agua.

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Amigo Piedra

En medio del caos político y la desilusión generalizada, surge una pregunta inevitable: ¿cómo podemos cambiar el rumbo de nuestro país? La respuesta puede encontrarse mirando hacia adentro, hacia cada individuo que conforma esta sociedad.

 

Es tentador culpar exclusivamente al gobierno por todos nuestros males, pero la verdad es que el cambio real comienza en el corazón y la mente de cada ciudadano. Porque, ¿de qué sirve tener al mejor presidente si nosotros, como sociedad, no estamos dispuestos a hacer nuestra parte?

 

En primer lugar, necesitamos un cambio de mentalidad. Debemos dejar atrás la apatía y el conformismo, y abrazar la responsabilidad individual y colectiva de construir un mejor país. Esto implica educarnos, informarnos y participar activamente en la vida política y social de nuestra comunidad.

 

La lucha contra la corrupción y la impunidad no es solo tarea del gobierno, sino de cada uno de nosotros. Debemos rechazar activamente cualquier forma de corrupción en nuestra vida diaria y exigir transparencia y rendición de cuentas en todas las instancias de poder.

 

Además, es fundamental fomentar los valores de la honestidad, la solidaridad y el respeto en nuestras interacciones cotidianas. Construir una sociedad más justa y equitativa no es tarea fácil, pero cada acto de bondad y compasión contribuye a tejer el tejido social más fuerte.

 

Por otro lado, el combate a la delincuencia y la mejora de la economía no pueden lograrse únicamente a través de políticas gubernamentales. Necesitamos un compromiso colectivo para crear oportunidades reales para todos, especialmente para aquellos que han sido marginados y olvidados.

 

Esto implica apoyar el emprendimiento local, promover la educación y la capacitación laboral, y trabajar juntos para construir comunidades más seguras y prósperas. Solo así podremos romper el ciclo de pobreza y violencia que ha aquejado a nuestro país durante demasiado tiempo.

 

El cambio en México no vendrá de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba. Depende de cada uno de nosotros asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos y trabajar juntos para construir el país que queremos para nosotros y para las futuras generaciones. El verdadero poder siempre ha estado en nuestras manos, solo tenemos que tener el coraje y la determinación para ejercerlo.

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