Revelar la neblina

Tocando puertas… del corazón

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Abi Huitrón

La política desde hace muchos años en sus procesos electorales, es decir, en sus campañas, utilizan las mismas estrategias y no se han renovado, siguen caminando con sus banderines por las calles, y con un grupo grande de gente, tocando puertas de los hogares, esperando recibir respuesta de los ciudadanos para poder escuchar las propuestas, pero… no es así.
 
¿Por qué estas estrategias ya no funcionan? Porque la gente comienza a informarse, se cansa de lo mismo sin obtener resultados, prefieren acciones y no palabras; y con todo esto, las campañas comienzan a tener un valor menor, lo utilizan más para burlarse, verlo como un show, como una temporada de “aprovechar”.
 
El problema radica desde el momento en el que la política o estos procesos se ven como un espectáculo de entretenimiento, en donde eso provoca que la “información” que obtenemos durante años para formar un criterio respecto a estos temas, se anule por perder la objetividad, ¿a qué se refiere esto? A que las decisiones que son de alto valor orillen a la construcción de un futuro desafortunado.
 
Bernando Saravia (2021) en su columna para “La Nación” comenta que existe una relación entre la política y el teatro, porque son representaciones que construyen una realidad; y esto tiene lógica, las campañas funcionan con herramientas de la mercadotecnia, y para ello se debe estudiar al mercado, o sea a la sociedad, ¿por qué darles momentos para entretenerse y no para informarse? ¿por qué no tocar las puertas… pero del corazón?
 
No hay una visión clara de los nuevos actores políticos, pues al querer innovar, solo incluyen ideas manejadas desde su misma escuela que las rige, es decir, disfrazar acciones buenas, pero con la verdadera cara de otra esencia de poder; el toque de puertas solo crea expectativas y falsas esperanzas, y emoción pero de fastidio, porqué no mover a la gente desde lo que necesita, lo que la hace sentirse parte de una comunidad, ser realistas y humanos, porque un poder no es solo técnico, sino también cercano a la sociedad (desde todos los ámbitos posibles).
 
Y no es “aprovechar” lo que hacen las personas con los políticos, es lo que en realidad debería hacerse, un trabajo previo que demuestre que, lo importante en esto igual es reflexionar, si buscamos un beneficio de los partidos políticos pero individual o sí por un bien común colectivo, porque estos procesos son para el futuro de una comunidad, de una mejor sociedad, si no se vela por ello, entonces tomamos el mismo papel de los representantes de los cuales existe queja, solo que desde la propia trinchera.
 
¿Reír para no llorar? ¿La política, el pueblo, las personas son una comedia? ¿Hasta qué punto preferimos esperar a que alguien cambie la sociedad sin que nosotros aportemos a ello? ¿Solo espectar y no participar?

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