REALMENTE A NADIE LE IMPORTA

Llamen a Dios

Facebook: Angel Nuñez 

El mundo se cae a pedazos y los únicos preocupados por recogerlo están igual de rotos que el mundo. El gobierno sigue contando con múltiples privilegios y siendo indiferentes a lo que sucede en el territorio. El futuro del cambio, los candidatos a la presidencia se enfrascan en batallas de recreo llamadas debates. Las empresas siguen con la cabeza en un balde ahogándose en dinero y siendo adictos a las ganancias sin importar las consecuencias.
 
En esta última columna que publicare quisiera escribir sobre la indudable lucha, cansancio y terquedad por querer cambiar todo lo que jode al mundo. Siempre hay grupos que quieren mejorar y se agradece, no obstante en esta realidad el cambio no depende de un puñado de gente, si no de las indiferentes industrias así como del Estado.
Actualmente hay personas luchando en todo el mundo por alzar la voz para hacer valer sus derechos o incluso derechos de otras personas. Ejemplo de ello son las protestas que suceden en la UNAM en apoyo a las muertes en Gaza provocadas por los constantes ataques de Israel. También en unión a las represiones que hubo a los estudiantes que realizaron manifestaciones similares en sus respectivas universidades, siendo golpeados y perseguidos por la policía así como expulsados de estas.
 
Otro ejemplo de personas intentando traer decencia y paz son los ecologistas que recientemente con el estreno del documental “El Guardián de las Monarcas” en Netflix, han tenido más voz mediática. El caso de Homero Gomez ha sido uno de los tantos que existen en este país y también fue uno de los más dolorosos. Hace que uno se pregunte qué daño hacen las personas que se preocupan por aspectos que los demás ignoramos para que una de las consecuencias por su labor sea terminar sin vida.
 
Nos estamos quemando, no solo metaforicamente hablando. El mundo se quema y no hacemos nada, esta nueva ola de calor solo nos demuestra que hemos vivido dormidos la mayor parte del tiempo, estamos desconectados con la naturaleza, con nuestro entorno, hasta con nuestros vecinos. Todos sumergidos en un mundo individual egoísta excesivamente placentero. Estamos ciegos y nos quemamos lentamente.

 

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