NADA EN CONCRETO

Miedo… o tal vez no

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Roberto Velázquez

“El cerebro es capaz de hacer cosas alucinantes para protegerse del dolor.” – Beth O’leary

A lo largo de la historia, los sentimientos humanos han experimentado cambios, algunos son compartidos y otros tantos se transmiten a las nuevas generaciones, experimentamos tanto amor como odio con variadas intensidades; expresamos nuestras emociones en momentos de autenticidad; como seres humanos, vivimos una amplia gama de emociones simultáneamente, estas emociones se entrelazan y se transmiten a través del tiempo, influyendo en nuestras experiencias y en cómo nos relacionamos con los demás. En nuestro día a día, permitimos que nuestros sentimientos fluyan libremente, mostrando nuestra verdadera esencia; como individuos, somos capaces de experimentar una diversidad de sensaciones en cualquier momento, reflejando la complejidad y la riqueza de la experiencia humana.

No es sorprendente que las emociones que suscitan los eventos futuros varíen de una persona a otra, lo que para uno puede evocar ternura, para otro puede despertar nostalgia resultando llamativo cómo reaccionamos ante sucesos pasados y, de alguna manera, nos hemos vuelto insensibles, aceptando destinos que han quedado grabados en las primeras planas de los medios, aquellos donde no existe el temor a la «cancelación». Es irónico saber que millones de muertes son registradas en páginas que podemos ver, pero no tocar, donde se comparten en lugares donde es fácil expresar un insulto disfrazado de opinión; a pesar de esto, parece que el miedo a la muerte no existe en sí mismo; tal vez sea la cultura en este país lo que nos hace tener un concepto de muerte radicalmente diferente al resto del mundo, a final de cuentas, ¿a qué más podríamos temer sino a la misma idea de dejar de existir?

Mis palabras se convierten en oraciones, algunas resonando con sentido para unos, mientras otras resuenan dentro de mí; permito que mi mirada me guíe mientras mi mente procesa lo observado. El temor más grande parece ser el sufrimiento; evitamos el dolor y buscamos el placer mas no solo es el dolor físico lo que intentamos esquivar, también tratamos de prevenir catástrofes, como si así pudiéramos controlar los daños y evitar sentirlos. Entonces, ¿por qué buscamos pronósticos de lo que podría suceder para evitar el dolor? Quizás porque el desconocimiento nos provoca una sensación de vulnerabilidad, y tener una idea de lo que podría acontecer nos brinda una ilusión de control, aunque efímera y frágil.

La necesidad de que eventos futuros predigan y controlen resultados potenciales puede ser un reflejo de nuestra naturaleza humana, impulsada por el deseo de protegernos y mantener la estabilidad emocional. Si intentamos alejarnos del dolor y el sufrimiento, también puede significar que no estamos aprendiendo ni creciendo de nuestros peores momentos. La verdadera fortaleza reside en nuestra habilidad para confrontar el miedo y la incertidumbre, aceptando plenamente la presencia constante de desafíos y sufrimientos en la vida, reconociendo que cada obstáculo es una oportunidad para crecer y aprender a través de la adversidad.

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