Escaramuzas charras. Aquellas valientes mujeres de a caballo que hipnotizan al público en un lienzo charro a través de su galope y los colores y holanes de sus vestidos; esas que se dejan el alma en el ruedo en 8 minutos o menos, que saben que años y meses de preparación, esfuerzo, caídas, tropiezos y entrenamiento por las madrugadas se reduce a eso: ocho minutos. La participación de la mujer a caballo hoy en día es símbolo de gallardía femenil, de elegancia, belleza, y lo que ahora se valora como el papel de la mujer en la charrería, comenzó como una de las muchas actividades que conmemoraban el festejo de la charrería hace 67 años.
En un evento tan común como cualquier charreada de entrenamiento se hizo el primer espectáculo ecuestre que evolucionaría a lo que conocemos hoy en día. Una escolta de niños y niñas juntaron esfuerzos con sus entrenadores y presentaron una serie de ejercicios en conjunto, esta práctica fue perfeccionada de poco en poco, y, al cabo de unos años se determinó que este sería el modo en que las mujeres de a caballo formarían parte de la tradición charra.
Son diversos los ejercicios que puede lucir una escaramuza charra, y sin embargo, hoy en día sería inútil nombrarlos todos, debido a que cada uno de los equipos femeniles se encarga de dar nombre a los ejercicios que presentarán en su rutina. Y es que los nombres no son de verdadera importancia porque ya que no se trata de faenas preestablecidas, sino de figuras y conceptos que las damas a caballo dibujan en el ruedo, entre los conceptos ejecutables se encuentran el concepto de escalera, flor, coladera, cruce, giros, agrupación, combinado, abanico, libre y compuesto. El concepto de abanico es el único ejercicio cuyo nombre no suelen cambiar, se trata de lo que los locutores desde hace 67 años llaman “el recogedor de aplausos” y suele integrarse ya avanzada la rutina para recibir el reconocimiento del público.
Los equipos tienen un máximo de ocho rutinas, en la cual deben ejecutar 12 ejercicios repartidos en cada uno de los conceptos, sin embargo, se trata de una labor más complicada de lo que suena; las escaramuzas entrenan día y noche para dominar por completo la conexión entre ejercicios, la distancia, galope, ritmo y sincronía son claves tanto para salvaguardar a las participantes como para hacer de cuenta su presentación.
No podría tener mayor respeto por esta práctica. Se trata del conjunto del dominio ecuestre, la estética, el vínculo en equipo y el valor y amor que tanto caracteriza a la familia charra, además, debo decir, por experiencia propia, que las albardas en las que montan las damas charras son bastante más altas que las monturas para hombre, y es un secreto muy bien guardado que deberíamos sacar a la luz, después de todo, no es fácil galopar cruzando pierna por delante y sintiendo que una podría caer en cualquier instante si no se afianza con su postura.
Cierro esta entrega con el comentario de una escaramuza charra que en algún ruedo escuché; le habían preguntado acerca de lo que ella creía clave para tener un correcto manejo de su cabalgadura al momento de ejecutar su rutina, y ella contestó que era más complicado que solo el dominio de la rienda, “se trata de un pacto de confianza que uno hace con su caballo” dijo. Se refirió a un asunto que quizá no muchos lograron comprender, ya que no elaboró demás, y es que, un caballo bien arrendado facilita el trabajo, pero es muy cierto que hay un entredicho, un vínculo del que nadie habla, y es la confianza que hay que tenerle al equino al momento de cabalgar, y para eso, hay que transmitir al animal la tranquilidad y certeza de que aquello que nos dispongamos a hacer no terminará perjudicándolo, porque después de todo, los caballos no son una herramienta charra, son el elemento primordial, y mejor amigo de un charro y una escaramuza.