Las elecciones presidenciales siempre son un tema de controversia en la sociedad, no importa el país o contexto siempre habrá polémica, propaganda, campañas y un bombardeo de anuncios televisivos, carteles, entre otras cosas. Hay aspectos que nunca cambian cada periodo de elecciones y uno de ellos es el nulo interés que mantienen algunos ciudadanos para ejercer el voto. Esta cuestión no es algo gratuita, no van a votar solo porque tienen flojera o están cansados, bueno algunos sí. Pero ¿Por qué? La realidad es que a lo largo de la historia de México ha habido casos de fraude electoral y de un cansancio por el poco cambio en el panorama sin importar quien estuviera a cargo. Esto dando como resultado que las personas ya no se interesen en ejercer este derecho.
Lo interesante aquí es que este desinterés no es de poco tiempo y que el ejercicio democrático no es algo nuevo, existen más de 100 años de este proceso de «democracia». Recordemos muy rápidamente que con el triunfo de la revolución maderista los resultados del proceso electoral arrojaron como vencedor a Francisco I. Madero, quien rindió protesta de su cargo el 6 de noviembre del mismo año. (página oficial del gobierno de México). Ahora, el tema de la participación electoral no tiene una importancia obvia; dependiendo del contexto puede ser algo deseable, peligroso o irrelevante. Como lo señala Sartori (1993), las elecciones no son sinónimo inequívoco de democracia.
Hace algunas décadas, el voto en México era algo de relativamente poca importancia: Cuando había un partido claramente dominante y los otros estaban subordinados a este, sin posibilidades de éxito electoral, la lucha por las candidaturas y el acceso al poder se decidían antes de las elecciones, en los círculos informales de la política donde participan los gobernantes y algunos ciudadanos privilegiados. En estas circunstancias, las elecciones se convertían en un ritual de ratificación de un poder previamente asignado (Gómez, 2009: 97). Al ver que sin importar que ocurriera seguía la misma estructura de poder la gente fue desanimándose y decidió mejor dejar de participar antes de formar parte del circo que son las elecciones.
Ya veremos en unos meses cuanta gente sale a votar, ya que siendo honestos en las últimas elecciones se presenció un gran porcentaje de votantes. De los 56 millones 611,027 personas que votaron en las elecciones federales, 53.19% lo hicieron por Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, de acuerdo con el resultado final del cómputo distrital. Con 100% de las actas computadas, los registros del INE dan cuenta que López Obrador obtuvo 30 millones 113,483 sufragios; de los cuales 63,863 provinieron de mexicanos que residen en el extranjero. En las elecciones de 2012, el vencedor de la contienda electoral, Enrique Peña Nieto, obtuvo 38.21% de los votos, es decir, 19 millones 226,784 mil votos. Esta cantidad es 36% menor a los votos que registró el líder del partido Morena, aunque el total de votos emitidos en 2012 ascendió a 50 millones 323,153, que representa 12% menos de los sufragios registrados en los comicios de este año (Forbes).
Cuando al gobierno le interesa genuinamente el pueblo, este responde con entusiasmo y vota con orgullo.