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El arte y la corrupción

La charrería, más que un deporte, es un emblema de la cultura mexicana, reconocida incluso como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, la sombra de la corrupción ha manchado la selección de la sede para el Congreso Nacional Charro 2024, evidenciando una vez más cómo este mal afecta todas las esferas de nuestra sociedad.
 
El proceso de selección para la sede del evento más importante de la charrería ha estado plagado de irregularidades y sospechas. El Congreso Nacional Charro no solo es una competencia, sino también una gran oportunidad económica para la ciudad anfitriona, que se beneficia de un aumento significativo en turismo y visibilidad. Esto lo convierte en un objetivo atractivo para aquellos dispuestos a usar medios corruptos para obtener la sede.
 
Los estatutos de la federación estipulan que la sede del congreso nacional charro no puede repetirse sino a 4 años de haber sido seleccionada, sin embargo al presidente de la Federación Mexicana de Charrería junto con el gobernador de San Luis han acordado repetir la sede de manera consecutiva, haciendo caso omiso a las reglas de la federación.
 
Las acusaciones de corrupción comenzaron a surgir cuando varios miembros de la comunidad charra comentaron públicamente esta irregularidad en el proceso que transgrede los estatutos. Marcos Ordoñez, charro y candidato a la presidencia de la federación, interpuso una denuncia civil que en un inicio consiguió un amparo temporal, para posteriormente obtener un amparo definitivo.
 
Un caso particularmente alarmante es el de la ciudad de Guadalajara, que fue inicialmente favorita para albergar el evento debido a su infraestructura y tradición charra. Sin embargo, en una sorprendente vuelta de tuerca, la sede fue otorgada a una ciudad menos preparada pero con fuertes conexiones políticas. Los informes sugieren que grandes sumas de dinero cambiaron de manos y que las decisiones no se tomaron en base a méritos objetivos, sino a acuerdos oscuros y beneficios personales.
 
La charrería, que debería ser un símbolo de orgullo y tradición, se ve empañada por las mismas prácticas corruptas que afectan a otras instituciones y sectores en México. Mientras tanto, el presidente de la federación se mantiene firme pese a que la Comisión de Apelación y Arbitraje del Deporte ha declarado que no procede.
 
La situación exige una respuesta firme y decidida por parte de las autoridades competentes y de la comunidad charra. Es necesario implementar mecanismos de transparencia y rendición de cuentas en la selección de la sede del Congreso Nacional Charro. Además, la participación activa de la sociedad civil es crucial. Los aficionados y profesionales de la charrería deben unirse para exigir procesos limpios y justos, y para proteger el legado de una tradición que es parte fundamental de nuestra identidad cultural.
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Mariela Jimena Aguilar Castro

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