Club de arte

El arte de regresar a la humanidad

Recientemente nos hemos visto obligados a pagar las consecuencias por varios siglos de actos irresponsables en contra de los recursos de nuestro planeta y el monopolio humano de todo lo que ofrecía para cada especie y ser vivo. En ese uso desmedido perdimos de vista, irónicamente, de nuestra propia especie.

A lo largo de los años cuando analizamos los fenómenos sociales y culturales nos borramos de la ecuación como individuos y vemos solo a la especie humana, dejamos de pensar por un segundo que somos parte de todo lo que llamamos humanidad y con eso también arrastramos el pasado de cada persona que ha existido, más importante aún, escribimos la nuestra.

Con los recientes apagones a consecuencia de un consumo desmedido muchos nos vimos obligados a regresar a ese mundo físico que nos saca por completo de la digitalización, es frustrante y difícil, pero al mismo tiempo es placentero, se dice que la era digital es una especie de evolución, pero eso convertiría los momentos del “mundo real” en una especie de involución. Lo correcto sería mantener un equilibrio entre ambos.

Recientemente, y teniendo en mente el impacto de los apagones en las comunidades que se vieron afectadas, la CENACE catalogó como “estado de emergencia” la situación actual, y aun cuando hemos pasado por una pandemia y toques de queda no estamos listos para manejar tal cosa.

Quizá antes de avanzar mucho más con la tecnología, el internet y el ultramundo, deberíamos abrazar lo que somos, y en vez de entrar en crisis con los apagones, aprovechar la falta de internet para conectar con nosotros mismos, para llevarnos bien con nuestros vecinos, para ir a visitar a nuestras familias y platicar y tomar algo, existen tantas cosas que dejamos de lado por acostumbrarnos a la instantaneidad del mundo moderno que dejamos atrás las costumbres que nos convertían en más que habitantes del mundo digital, en más que perfiles de redes sociales o videoconferencias.
 
Tal vez la próxima vez, sin necesidad de un apagón podamos considerar una visita inesperada a la casa de alguien que queremos, sembrar árboles en nuestro jardín o salir a observar las estrellas, o escribir en las entrañables fibras de una hoja de papel en vez de un documento digital.
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Mariela Jimena Aguilar Castro

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