
Hidalgo ya ha presentado dos casos de niños que han sido lastimados por sus compañeros de salón, uno cuando le clavaron un pedazo de vidrio en el ojo y, el más sonado, el caso de Adriel, un pequeño de 12 años de edad que, de acuerdo con la versión oficial, fue empujado contra el sueldo y golpeado varias veces por dos infantes de su edad.
Con este contexto ya mencionado solo nos queda preguntar ¿Qué estamos haciendo mal? ¿En qué momento la infancia fue arrancada de la inocencia para llevarla directamente a las faldas de la brutalidad desmedida? Mediante su página web, la organización “Bullying sin fronteras” coloco a México como el primer lugar de casos mundiales sobre esta problemática, con el sorprendente número de 270 mil casos presentados hasta enero de 2024, ¿y dónde quedo la SEPH para manejar estos datos? Si un columnista principiante puede obtenerlos, me imagino que una secretaría de renombre también podría.
Ahora vamos a movernos al entorno más local para que no suene alarmista, pues el Registro Estatal de Prevención, Atención, Erradicación de la Violencia Escolar (REPAEVE) registro durante 2023 un total 648 casos de acoso escolar, donde 114 fueron por maltrato físico, todo esto solamente en Hidalgo, siendo este antecedente ya una alarma para que la dependencia de Natividad Castrejón Valdez estuviera en movimientos para un programa de culturalización a los infantes en donde sé de pie a dejar de lado estas conductas tan deplorables e indignantes, pero en lugar de eso planea esconder su vergüenza nacional de bajo de la alfombra al asegurar que “todo el hecho ha sido un accidente”, puesto que el niño “se cayó”.
Ahora el saldo nos deja un niño con posibilidad de perder media vista y un infante enterrado en el panteón municipal cercano a Santiago de Anaya, una familia profundamente adolorida con esperanza de justicia y una sociedad que espera respuestas por parte de sus gobernantes, puesto que aún hay fe en que este tipo de hechos no se vuelva una nueva normalidad como lo es el huachicol y los pastes para nuestra identidad como hidalguenses.