El eco de las ideas.

Pistantrofobia: me da miedo confiar en ti.

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Cuando nos encontramos en constante interacción social, se nos abren miles de oportunidades para conocer la forma tan diferente en la que cada persona ve al mundo. Sin embargo, cuando ya vivimos una traición, llega a volverse complicado el volver a confiar ¿y si vuelve a suceder? ¿para qué me traicionen otra vez? Justamente son las preguntas que llegamos a sobre pensar, porque, cuando una persona abusa de la llave que le diste a tu mundo, nos hace desconfiar, cerrarnos, para evitar el pasar por algo así otra vez.
 
Pero ¿Qué sucede cuando nos cerramos completamente? El miedo pasa la barrera, esto ocasiona que no permitamos a ninguna persona el saber de nosotros, juzgando por las experiencias que en algún pasado llegamos a vivir. Cuando creamos una armadura de miedo irracional para protegernos a nosotros mismos no se puede dar un desarrollo favoreciente para nuestra mente, puesto que, esto se conoce como pistantrofobia; olvidamos lo que es tener una relación sana con la sociedad, protegiéndonos de los demás, para evitar traiciones, mentiras y evitar darle el poder de conocer tus fortalezas y debilidades.
 
Las personas que desarrollan la pistrantofobia mantienen ese temor de conocer gente nueva o quedar en grupo donde puedan acudir también personas desconocidas, pierden el interés de tener a gente nueva o repetir antecedentes que ya han vivido. Es así, como visualizamos esta protección negativa, que nos ciega de manera profunda, aislándonos de la realidad, puesto que nos limita y despeja las oportunidades de compartir nuevas experiencias de vida con otras personas que aparecen y que no se merecen pagar los platos rotos de situaciones pasadas.
 
«Puede terminar encerrando a las personas en una jaula virtual desde la que verán pasar la vida como simples espectadores del mundo a través de los barrotes que ellas mismas se crean», explica Verónica Rodríguez Orellana, en su estudio como directora de Coaching Club (Rodríguez, 2016).
 
Hay que estar alerta y diferenciar nuestros miedos, porque estos mismos nos pueden llevar a lo que es un encierro, no debemos olvidar que existen tantas experiencias que debemos vivir, cosas nuevas que tenemos que experimentar; las personas o circunstancias no son iguales con cada persona, no debemos de etiquetar a la sociedad solo porque nos llegaron a lastimar en un pasado, tal vez las cosas no fueron como esperábamos; pero de cada una de ellas aprendemos, encontramos el balance exacto para sentir en qué momento confiar y no tener una armadura de desconfianza.

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El Día del Huracán

Pistantrofobia: me da miedo confiar en ti.

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Amigo Piedra

En medio del caos político y la desilusión generalizada, surge una pregunta inevitable: ¿cómo podemos cambiar el rumbo de nuestro país? La respuesta puede encontrarse mirando hacia adentro, hacia cada individuo que conforma esta sociedad.

 

Es tentador culpar exclusivamente al gobierno por todos nuestros males, pero la verdad es que el cambio real comienza en el corazón y la mente de cada ciudadano. Porque, ¿de qué sirve tener al mejor presidente si nosotros, como sociedad, no estamos dispuestos a hacer nuestra parte?

 

En primer lugar, necesitamos un cambio de mentalidad. Debemos dejar atrás la apatía y el conformismo, y abrazar la responsabilidad individual y colectiva de construir un mejor país. Esto implica educarnos, informarnos y participar activamente en la vida política y social de nuestra comunidad.

 

La lucha contra la corrupción y la impunidad no es solo tarea del gobierno, sino de cada uno de nosotros. Debemos rechazar activamente cualquier forma de corrupción en nuestra vida diaria y exigir transparencia y rendición de cuentas en todas las instancias de poder.

 

Además, es fundamental fomentar los valores de la honestidad, la solidaridad y el respeto en nuestras interacciones cotidianas. Construir una sociedad más justa y equitativa no es tarea fácil, pero cada acto de bondad y compasión contribuye a tejer el tejido social más fuerte.

 

Por otro lado, el combate a la delincuencia y la mejora de la economía no pueden lograrse únicamente a través de políticas gubernamentales. Necesitamos un compromiso colectivo para crear oportunidades reales para todos, especialmente para aquellos que han sido marginados y olvidados.

 

Esto implica apoyar el emprendimiento local, promover la educación y la capacitación laboral, y trabajar juntos para construir comunidades más seguras y prósperas. Solo así podremos romper el ciclo de pobreza y violencia que ha aquejado a nuestro país durante demasiado tiempo.

 

El cambio en México no vendrá de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba. Depende de cada uno de nosotros asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos y trabajar juntos para construir el país que queremos para nosotros y para las futuras generaciones. El verdadero poder siempre ha estado en nuestras manos, solo tenemos que tener el coraje y la determinación para ejercerlo.

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