Entre la multitud de servicios, contenidos y oportunidades disponibles, resulta desafiante determinar una única prioridad en pro de nuestro propio “beneficio”. ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que no nos costó decidir entre una amplia gama de opciones, ya fuera eligiendo un sabor de helado o decidiendo qué película o serie ver?, nos encontramos ante una abundancia tal de opciones que la abrumadora idea de tener acceso a todo esto cabe en un dispositivo que no pesa más de trescientos gramos.
El volumen de contenidos en los diversos medios de consumo aumenta constantemente, al mismo tiempo, el acceso excesivo y fácil a estos medios en nuestra era nos lleva a considerarnos expertos en los temas más populares del momento; confiadamente, aceptamos la palabra de aquellos que hablan detrás de una pantalla de cristal, permitiendo que sus expresiones influyan en las nuestras; nuestro estilo y comportamiento se moldean a las tendencias de los tiempos modernos.
La magia de la era digital ha revolucionado nuestras vidas con una eficacia sin precedentes; imagina la sorpresa de las personas hace treinta años, cuando la comunicación con alguien distante se limitaba a cartas o telégrafos; el advenimiento de la era digital y el nuevo milenio trajeron consigo uno de los inventos más sorprendentes. Reflexiona sobre cómo nuestros padres vivieron este cambio, adaptándose para mantenerse al día en un mundo de inmediatez; en esos tiempos iniciales, compartir opiniones de manera sutil era más difícil, ya que los medios donde era más sencillo compartir una opinión estaban en desarrollo o daban sus primeros pasos en este siglo.
Durante estas últimas dos décadas, hemos sido testigos y, en muchos casos, partícipes de momentos trascendentales en la historia de la humanidad, hemos compartido nuestras experiencias y perspectivas sobre estos temas de importancia; como seres humanos, anhelamos participar en conversaciones constantes; deseamos ser escuchados y tenemos las herramientas para expresar nuestros pensamientos. Para algunos, este proceso es más sencillo que para otros; sin embargo, ¿cuántos de los que continúan participando realmente tienen algo significativo que decir, informar, aportar o compartir? Tal vez pocos, tal vez muchos o incluso ninguno, pero… de qué sirve inundar un espacio con información si es nada en concreto.